Once de Septiembre, la Diada Nacional de Catalunya

El Once de Septiembre se celebra la Diada Nacional de Catalunya. A menudo se simplifica la razón que origina esta celebración diciendo que los catalanes celebran una derrota pero, en realidad, lo que hacemos es conmemorar el día en que, tras 14 meses de asedio, se marcó un punto y seguido en una historia que empezaba mucho tiempo atrás.

La muerte de un rey y el fin de una dinastía

El conflicto lo había provocado la muerte sin hijos, en 1700, del rey Carlos II de España. Su muerte ponía fin a la dinastía de los Habsburgo que había reinado durante 200 años.

Los hilos de la diplomacia se habían ido moviendo durante los meses precedentes para que Carlos nombrase como sucesor a un joven príncipe francés, Felipe de Anjou, el nieto de Luis XIV de Francia. Con esta elección, el archiduque Carlos de Austria, miembro de otra rama de la familia de los Habsburgo quedaba fuera de juego. Y, claro está, él no estaba nada conforme.

Pero la decisión no provocaba sólo un cambio de dinastía, sino que representaba también romper los equilibrios políticos europeos. Una misma dinastía reinando en Francia y España no era del agrado de la otra gran potencia europea: Inglaterra.

Y esto hizo estallar una guerra a escala internacional, la Guerra de Sucesión Española.

Una guerra civil y, a la vez, mundial

El conflicto fue complicándose también de puertas adentro de los reinos hispánicos. Los antiguos territorios de la Corona de Aragón (Cataluña, Aragón, Valencia y las Islas Baleares) se mostraron contrarios a aceptar al nieto del Rey Sol como nuevo monarca. Desconfiaban de su educación en una corte absolutista y creían que los derechos, libertades e instituciones de sus reinos estarían en grave peligro frente a una monarquia que aglutinaría todo el poder. Por eso se decantaron por el candidato austríaco, el archiduque Carlos, contando además con el apoyo de Inglaterra y sus aliados.

Así, en 1701 empezó la guerra, con victorias alternativas de cada parte que se fueron sucediendo hasta 1707, cuando tuvo lugar la batalla de Almansa, un golpe de timón en el enfrentamiento a favor de Felipe.

A partir de aquí, el avance borbónico hacia los territorios de la Corona de Aragón se fue acelerando. Pero lo que fue realmente decisivo para los acontencimientos en Cataluña fue la muerte, en 1711, del Emperador Jose I de Austria, el hermano de Carlos, que se convirtió así en su sucesor.

De nuevo los equilibrios europeos estaban en juego pero, ahora, la preocupación de Inglaterra era el posible control del eje Madrid-Viena sobre el continente. Por eso, Inglaterra y Francia comenzaron a pactar, primero en secreto y después ya abiertamente, las condiciones que habían de poner fin a la guerra. Eran las bases del Tratado de Utrecht.

Todos contentos, o no.

Fue así como, en 1713, con más o menos satisfacción, todos los países participantes en la guerra firmaban un tratado que ponía fin a 12 años de batallas y reconocían a Felipe V como rey de España y a Carlos como Emperador de Austria.

Todos, menos la Junta de Brazos de Cataluña, formada por los representantes de la Generalitat y del Consell de Cent, el consejo municipal de Barcelona, que no reconocieron el tratado y decidieron continuar el enfrentamiento.

El asedio a Barcelona

El asedio de la ciudad comenzó en julio de 1713. Las tropas que asediaban Barcelona se lo tomaban con cierta sorna hasta que un año después, viendo su incapacidad para conseguir la rendición, Felipe V envió a uno de los mejores mariscales del ejército francés: el Duque de Berwick, que había sido ya decidisivo años antes en Almansa.

Fue él quién planteó el asedio a Barcelona como un objetivo militar de primer orden. Al frente de casi 18.000 soldados de los casi 90.000 que había en aquel momento en Cataluña, empezó una serie de bombardeos orientados a abrir brechas en las murallas del sector norte de la ciudad para poder acceder por ellos al interior.

En la madrugada del Once de Septiembre lo consiguió. Sin embargo, a pesar de la entrada en masa en la ciudad, la lucha continuó cuerpo a cuerpo hasta el mediodía. Los baluartes pasaban de un bando al otro en questión de minutos y el resultado no estaba nada claro. Pero a las 3 de la tarde, la Junta de Brazos reunida en el Baluarte de San Antonio, firmó la rendición.

El compromiso de Berwick era renunciar al derecho de saqueo y exterminio. Se conseguía así salvar a la ciudad del fuego y a los barceloneses que habían sobrevivido, de la muerte.

El final definitivo

El día 18 se rendía la villa de Cardona y terminaba la guerra. Después vendría el Decreto de Nueva Planta que confirmaba los peores presagios. La prohibición de hablar el catalán, la anulación de las instituciones de gobierno propias del país como la Generalitat y los consejos de gobierno municipales, la derogación de las leyes del derecho civil catalán, la creación de la figura de un Capitán General al frente de un gobierno militar que era el encargado de hacer cumplir el nuevo orden, el cierre de las universidades, el derribo de parte de la Ribera y la construcción de la Ciudadela urbana más grande de Europa fueron algunas de las muchas medidas que hicieron que Cataluña viera parada su historia ese día.

Pero de todo aquello, también nacería el deseo de no olvidar aquellos que murieron luchando por sus conservar sus derechos. Y eso es lo que recordamos en un día como hoy.

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