Dioses del Olimpo en la Costa Brava

El 1908 empezaron las excavaciones arqueológicas en Empúries. La Junta de Museos, la entidad encargada de la gestión de los museos catalanes en aquel momento, dirigida por Josep Puig i Cadafalch y con el apoyo d’Enric Prat de la Riba, había comprado aquellos terrenos con la intención de estudiar el primer asentamiento griego en la costa catalana.

El equipo de arqueólogos, dirigido por el propio Puig i Cadafalch se instaló en la Villa Teresita, el futuro Hostal Empúries, que se convertiría así en el primer hotel de la Costa Brava.

Un descubrimiento extraordinario

El 25 de octubre de 1909 se descubrió el busto de Asclepio. Observándolo se notava que era una estatua hecha para estar de pie. Emili Gandia escribió en su diario que la figura fue hallada en una cisterna compartimentada, a 1’50 metros de profundidad, de espaldas y con la nariz rota.

Las excavaciones se prolongaron hasta el 27 de noviembre de aquel año. Durante aquellos días, en una terraza superior al lugar donde había tenido lugar el primer descubrimiento se encontró la parte inferior de la estatua. Esta segunda parte estaba hecha con un mármol distinto pero a pesar de ello, encajaba perfectamente con la anterior. Cerca de allí se halló el brazo derecho, el antebrazo izquierdo y otro pequeños fragmentos. También se encontró una lápida, una serpiente, unos pies, la cabeza de una chica, piernas, cornucopias, etc.

La presencia de numerosos restos de estatuas de mármoles inconexas entre ellas hizo pensar que procedían de diferentes lugares y que se habrían llevado hasta allí para fundirlas en un horno de cal.

¿Asclepio o Serapis?

Sin embargo, la serpiente era del mismo tipo de mármol que el busto de Asclepio y por ese motivo, enseguida se la relacionó con este dios griego. A pesar de ello, otros estudiosos consisderaban que se trataba del dios Serapis ya que junto a él se halló una inscripción que hacía pensar en este culto. No hay que olvidar que los antiguos navegantes del Mediterráneo consideraban a Serapis e Isis como sus dioses protectores.

El Asclepio (o Serapis) original fue llevado a Barcelona y quedó expuesto en el Parque de la Ciutadella con la serpiente delante de él. Años después, en 1932, cuando se inauguró el Museo de Arqueología de Barcelona, fue trasladado al nuevo museo. En Empúries quedó una copia en poliéster.

La Guerra Civil

En 1938, en plena Guerra Civil, el Museo de Arqueología de Barcelona ya estaba situado en uno de los pabellones de la Exposición Internacional de 1929. Muy cerca de allí había un parque de camiones que se convirtió en objetivo de la aviación franquista y, con tal de proteger las obras expuestas en el museo, numerosas piezas fueron colocadas dentro de sepulcros romanos.

Asclepio fue envuelto además con algunos sacos de arena. Posteriormente, fue trasladado al Mas Perxés, en Agullana y desde allí, con la llegada de las tropas franquistas el 8 de febrero de 1939, fue desmontado y cargado en un camión sin embalar, junto con otras piezas. Un convoi de 22 camiones cruzó la frontera en dirección a Ceret y allí, cargado en uno de los 22 vagones de un tren con dirección a Cornavin, Ginebra, viajó junto con las obras procedentes del Museo del Prado.

El conjunto quedó depositado en el Palacio de la Sociedad de Naciones.

Empieza el regreso a casa

A pesar de las presiones franquistas, la Sociedad de Naciones no devolvió las piezas hasta el fin de la guerra. El 9 de mayo de 1939, de nuevo en tren, Asclepio viajaba de regreso a Madrid, vía Irún. Desde allí, regresó a Barcelona.

Pero tuvieron que pasar casi 70 años más para que pudiese volver a mirar el mar desde casa, desde Empúries.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.