El sepulcro de Elisenda de Montcada

En la Edad Media, una mujer viuda no tenía mucho futuro por delante. Si pertenecía a una clase social baja, tenía que sobrevivir lo mejor posible hasta el día de su muerte. Por el contrario, si formaba parte de una clase acomodada, entrar en un convento era su mejor alternativa. Pero si la viuda era una reina, la mejor opción era fundar un convento ella misma. Y esto es lo que hizo Elisenda de Montcada.

Elisenda era hija de Pedro de Montcada, señor de Aitana y Gran Senescal de Cataluña y de Elisenda de Pinós, miembro de una de las familias de barones más importantes del territorio. Los Montcada eran también uno de los grandes linajes de la Cataluña medieval. Ocuparon el cargo de Gran Senescal, el primer cargo de palacio después del rey, durante más de 200 años. Solo podían ascender de una forma. Y esa forma era emparentando con la familia real.

Hasta que la muerte nos separe

Elisenda, la cuarta y última esposa de Jaime II, tuvo una vida discreta y piadosa. O al menos así lo cuentan las crónicas. Y parece que era muy hermosa.

Ya os hablamos hace unos días de Jaime II, cuando dijimos que había sido el introductor del arte gótico en Cataluña. A pesar de la diferencia de edad, Elisenda de Montcada (30) y Jaime (55) se casaron en la Catedral de Tarragona el día de Navidad de 1322.
Su boda no fue fácil. Hubo que pedir varias bulas papales para que se pudiera celebrar:

  • una, porque se casaron solo un mes después de la muerte de María de Chipre, la anterior esposa de Jaime,
  • otra, porque se casaron el día de Navidad, que era algo que estaba prohibido en aquella época.
  • Y aún una tercera, debido a la consanguinidad de tercer o cuarto grado, que los cónyuges tenían entre sí, ya que el linaje Montcada estaba muy cerca de la familia real.

Elisenda hizo muy bien sus cálculos. En 1326 comenzó la construcción del monasterio que fue inaugurado con una misa solemne el 3 de mayo de 1327. Seis meses después, el Rey Jaime murió.

A pesar de que Elisenda no se hizo monja, se retiró a vivir en el monasterio durante el resto de su vida. Murió en 1364, 37 años después.

Sus restos fueron enterrados en una tumba que se conserva en su ubicación original. En la pared que separa la iglesia del claustro. Es una tumba de dos lados.

Uno de los lados es visible desde la iglesia. En esta parte puede verse a Elisenda de Montcada vestida de reina, con el escudo de la corona de Aragón. Lleva su anillo real y está acompañada por dos cachorros a sus pies, que simbolizan la fidelidad.
El otro lado, visible desde el claustro, nos la muestra vestida con el hábito de monja, sin ningún signo de su poder terrenal.

Es poco probable que las dos esculturas que decoran su tumba fueran un retrato, ya que ella murió a la edad de setenta y dos años, y su rostro en el sepulcro nos muestra una mujer joven y muy hermosa.

¿Un amor legendario, imposible o inexplicable?

Cuenta la leyenda que cuando Elisenda era una niña, un page de la corte le dijo que quería casarse con ella pero ella le contestó que eran demasiado jóvenes. Al crecer, el joven le pidió nuevamente que se casaran, y ella respondió que su rango no le permitía casarse en un page. El muchacho se fue a la guerra y por su coraje, ganó títulos y honores. A su regreso, pidió de nuevo su mano y Elisenda le respondió que iba a casarse con el rey. Volvió a la guerra y cuando supo que el rey había muerto, regresó e insistió de nuevo en casarse, pero ella le respondió que una reina no podía volver a casarse y que entraría en un convento. Aquel ya hombre se hizo fraile y años después fue de visita al monasterio.

Cuando la monja portera le abrió la puerta, él le dijo que venía a confesar a la reina. La monja le dijo que podía bendecirla pero no confesarla, porque Elisenda ya había muerto.

Esta leyenda fue sorprendentemente publicada en catalán como cómic en 1956 en la colección Historia i Llegenda, y editada por Hispano Americana de Ediciones, con el compromiso de publicar contenidos políticamente inocuos y en número limitado. El gobernador civil de Barcelona, ​​Felipe Acedo Colunya, se mostró totalmente contrario e intentó prohibir la publicación. El asunto llegó al Consejo de Ministros, y el ministro Arias Salgado ordenó al editor que detuviera la publicación. A partir de entonces el resto de los cómics que faltaban publicar se hicieron en el extranjero.

Cuando vengas a Barcelona, reserva algo de tu tiempo para visitar el Monasterio de Pedralbes. Además del sepulcro de Elisenda descubrirás otras joyas como el claustro o sus pinturas murales. Y si quieres visitarlo con nosotros estaremos encantados de acompañarte en la visita.

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