La Virgen dels Consellers

El 6 de junio de 1443, el Consejo de Ciento, el órgano de gobierno municipal en Barcelona, acordó contratar el mejor pintor de la ciudad para realizar un retablo que decorase la capilla de la Casa de la Ciudad. El artista elegido fue el valenciano Lluís Dalmau, que residía en Barcelona en aquellos momentos.

Nuevos aires para los artistas medievales

El retablo se terminó en 1445, y es una de las pocas obras góticas firmadas, lo que nos permite conocer su autor. Y es que la situación de los artistas había cambiado. Ahora ya no eran nómadas, sino que se instalaban en las ciudades creando talleres y estirpes artísticas, eran profesionales y querían ser reconocidos como creadores de sus obras.

Normalmente, la autoría de las obras se establecía gracias al contrato que se firmaba a la hora de hacer el encargo. Aunque este contrato no se ha conservado, sí tenemos su transcripción en el libro de registros. Desde el siglo XIII, cuando se constituyeron los archivos notariales, se hacían las transcripciones de los contratos de este tipo. Al principio sólo se mencionaban los contratos con una referencia, pero a partir del siglo XIV, se estableció un protocolo que reproducía íntegramente su contenido.

Y eso nos ayuda, y mucho, a conocer los detalles que se establecían.

Todo por contrato

Los contratos eran meticulosos, especificaban detalles como el autor, el precio, los plazos de inicio y finalización, materiales, colores, etc.

Del contrato que se hizo para pintar la Virgen dels Consellers, sabemos que se pactó que el tema a desarrollar era una Sacra Conversazione. Esto significaba que el donante que pagaba la obra debía aparecer retratado y que se le debía ver claramente representado. Así pues, podemos afirmar que las caras de los 5 miembros del Consejo de Ciento que salen representados en la obra son verdaderos retratos de todos ellos. De otro modo, hubieran protestado en el momento de la entrega del encargo. Aparecen vestidos de gala y acompañados por Santa Eulalia, la patrona de la ciudad y San Andrés. De hecho, el día de San Andrés, el 30 de noviembre, el día en que se elegían los nuevos miembros del Consejo de Ciento.

Se estableció también que el retablo se haría sobre madera de roble de Flandes, la de mayor calidad en aquel momento. Además, tal y como estaba de moda en aquellos tiempos, el fondo del retablo sería dorado. Pero este dorado tenía que hacer con oro de florín, pues la moneda de la República de Florencia garantizaba la pureza del oro.
También se indicaba que debía utilizarse el lapislázuli, o azul de Acre, el azul más prestigioso, y más caro, para colorear el manto de María.

Lluís Dalmau pintó La Virgen dels Consellers al óleo. Esta era una técnica totalmente novedosa en Cataluña. Pero él la dominaba a la perfección. De hecho, era una técnica que se había desarrollado sobre todo en Flandes, y gracias entre otros a la obra de Jan van Eyck. Dalmau había viajado a Flandes en 1431. El rey Alfonso el Magnánimo lo había enviado a comprar tapices para palacio y en este viaje debió de conocer la técnica.

Y si no te gusta, reclamas

Cuando se hizo la entrega del encargo todo el mundo quedó sorprendido. Pero no todo el mundo quedó contento. Una de las condiciones establecidas en el contrato no se había cumplido. El fondo dorado que era tanto del gusto burgués catalán en aquel momento no salía por ninguna parte. Esto provocó un pleito del Consejo de Ciento contra el artista. Para defenderse, Lluís Dalmau argumentó que había pintado un paisaje en las ventanas en lugar de dorar el fondo, porque eso dejaba aún más claro que el cuadro lo había hecho el mejor artista de Barcelona. Y ganó el pleito.

Este magnífico retablo se conserva en las salas de arte gótico del MNAC. A pesar de su importancia artística, lamentablemente el estilo no tuvo continuidad y la nueva tendencia artística proveniente del norte de Europa no se impuso hasta casi 50 años más tarde.

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