La Costa Brava y los piratas

Echávamos mucho de menos los paisajes de nuestra tierra y ahora que el confinamiento ha terminado, aquí os los traemos. Y queremos empezar por un paisaje de costa, de una costa excepcional: la Costa Brava.

Días de playa, incluso cuando está nublado

Nuestro primer destino ha sido la Costa Brava. El litoral de la provincia de Girona es una combinación interminable de acantilados, pequeñas calas y extensas playas que crean un paisaje excepcional.

Es uno de aquellos lugares que no te acabas en un día. Ni en una semana. Casi podríamos decir que no te acabas nunca, porque siempre terminas descubriendo nuevos paisajes, aunque solo sea viéndolos un día de sol radiante o un día nublado.

Eso es, por ejemplo, lo que nos pasa con Tossa de Mar. Tossa es una de las poblaciones que mejor combinan patrimonio y playa. Su conjunto monumental es espectacular. Y nosotros, siempre que vamos a Tossa, acabamos pensando en los ataques de los piratas que provocaron su construcción.

Y es que hoy cuando miramos el mar y el horizonte nos imaginamos destinos lejanos para ir de vacaciones. Pero durante muchos siglos, los habitantes de la costa miraban al mar con temor y con mucha preocupación.

Porque los piratas, que tanto ha idealizado Hollywood, fueron el terror del Mediterráneo durante mucho tiempo.

Ya lo habían sido durante los siglos XI, XII y XIII pero la conquista de Jaime I de la isla de Mallorca y del resto del archipiélago balear hicieron alejar el peligro durante bastante tiempo. La expansión marítima de la Corona de Aragón y su dominio sobre el Mediterráneo hizo que los piratas dejasen de ser una preocupación para los pueblos costeros. Hasta el siglo XVI.

En ese momento, el avance del Imperio otomano desde Estambul hacia Occidente supuso la entrada en juego de uno de los piratas más famosos, y temidos, de la historia. Barbarroja.

Más que pirata, corsario

A menudo utilizamos ambos nombres como sinónimos. Pero no lo son. Aunque tanto unos como otros se dedican a asaltar barcos en alta mar y pueblos costeros, hay una cierta diferencia entre ellos.

Un corsario, y Barbarroja lo era, tenía una patente de corso. ¿Y qué es eso? Pues, una patente de corso era un documento otorgado por un reino determinado, en este caso el imperio otomano, que permitía atacar barcos de países enemigos y quedarse con ellos y con sus mercancías.

Es decir, que a diferencia de un pirata que ataca cualquier embarcación, un corsario solo atacará a aquellos que la patente le permita. Y nunca atacará a barcos de su mismo estado o de sus aliados.

Como decíamos, a parte de embarcaciones, los corsarios también atacaban las poblaciones de la costa. Esos ataques se llaman razzias. Se trataba de ataques rápidos, que tenían lugar sobre todo en primavera y verano, cuando las aguas del mar estaban más calmadas y se podía navegar más plácidamente. De repente, los corsarios aparecían por el horizonte y poco después desembarcaban provocando el pánico, robando y cautivando prisioneros por lo que después pedían un rescate o bien vendían como esclavos.

Intereses occidentales

La situación en tiempos de Barbarroja, es decir, durante el siglo XVI se complicó a causa de un conflicto entre dos potencias europeas.

En aquel momento, Carlos V, rey de las Españas y emperador de Alemania y Francisco I de Francia se enzarzaron en una larga guerra con la intención de conseguir el control hegemónico de Europa. Francisco de Francia se alió con el sultán otomano y éste envió a sus corsarios a atacar el litoral mediterráneo que, básicamente, estaba dominado por la monarquía hispánica.

Los ataques se produjeron en todas partes. Barbarroja atacó la costa de Valencia, de las islas Baleares, la Provenza (que entonces aún no pertenecía a Francia), Sicilia, Cerdeña, Córcega… incluso llegó a Venecia. En Cataluña atacó el Rossellón, el Empordà, el Maresma y toda la costa de Tarragona.

Los ataques más importantes tuvieron lugar en 1527, 1532, 1542, 1544, 1564… Además, entre todos estos hubieron otros no tan terribles. De hecho, poblaciones como Cadaqués, Rosas, Palamós, Badalona, la propia Barcelona o Salou sufrieron estas razzias de Barbarroja y tardaron cierto tiempo en recuperarse.

Huellas de la historia en nuestro día a día

En Cataluña, la importancia de estos ataques fue tal que hoy día aún se encuentran muchas referencias a estos tiempos en el nombre de los pueblos y el paisaje.

Las torres de vigía se suceden a lo largo de todo el litoral. Servían para dar la alarma con grandes hogueras cuando veían aparecer las naves corsarias por el horizonte.

Los pueblos del Maresme conservan en su nomenclatura la coletilla de mar i de dalt (de arriba), recordando como los pescadores que vivían junto a la playa corrían a refugiarse tierra adentro cuando los veían llegar, originándose así el pueblo más fortificado en la parte alta y los barrios más sencillos en la ribera del mar.

Y Tossa de Mar

Tossa que ya había sido fortificada en el siglo XI, vio reforzar sus torres y murallas para proteger a sus habitantes en el interior de lo que hoy se conoce como la Vila Vella, la ciudad vieja.

Si quiere conocer más de la Costa Brava y descubrir algunos de sus paisajes más espectaculares, déjenos acompañarle con alguna de las propuestas que le ofrecemos para visitarla.

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