La fundación de Barcino

Los romanos fundaron Barcelona en el siglo I a. C., y aunque nunca llegó a ser capital de ninguna provincia romana, Barcino tenía el título de ciudad y de romana. Esto significaba que sus ciudadanos tenían los mismos derechos que los habitantes de la ciudad de Roma.

En agradecimiento por los servicios prestados

Cuando los veteranos del ejército eran licenciados, el Imperio les entregaba un pedazo de tierra en las nuevas tierras conquistadas. Se trataba de agradecer los servicios prestados al imperio, y a la vez conseguir repoblar el territorio, con gente afin a la nueva administración. Este fue el origen de muchas ciudades. Y también fue el origen de Barcino.

Las ciudades romanas estaban divididas en 2 áreas: la urbs, que era la parte que quedaba dentro de la muralla y el ager, que eran las tierras de cultivo, en el exterior del recinto amurallado, pero bajo la jurisdicción de la ciudad. Este espacio agrícola se dividía, de forma que se entregaba a cada uno de los veternaos unas 38 hectáreas de superficie.

Fundar una ciudad como los augurios mandan

El gran arquitecto e ingeniero Vitrubio escribió De Architectura, una compilación de tradiciones griegas y etruscas que establecían cómo debía fundarse una ciudad. Los compedios de Vitrubio explican también como había que encontrar el lugar más adecuado:

  • El terreno había de ser ligeramente inclinado. En el caso de Barcelona, la pendiente es de un 7%.
  • Debían existir ríos en las zonas próximas. Aunque no debían de estar demasiado cerca para evitar las inundaciones.
  • Había que observar el vuelo de los pájaros en la zona, y elegir el lugar donde éste fuese circular
  • Por último, un sacerdote llegado de Roma debía examinar el hígado de algunos animales sacrificados, para que los augurios pudiesen determinar si las aguas de la zona eran aptas para el consumo.

Una vez determinada la ubicación, con un arado tirado por bueyes se trazaba el que después sería el perímetro de las murallas. Se marcaban también las dos calles principales, el Cardus y el Decumanus. En el cruce de estas dos calles se situaba la plaza central, el Foro. Era aquí donde se construían los edificios más importantes de la ciudad. En el caso de Barcino, el foro coincidía con lo que hoy es la Plaza de San Jaime.

El foro era un gran espacio rectangular rodeado de pórticos que lo delimitaban y servían también para proteger a los ciudadanos de la lluvia o el sol. El foro de Barcino era mucho mayor que la actual plaza. Prácticamente el doble. Y esto los sabemos, por los restos que se han conservado de lo que fue el templo de Augusto. Además del templo, el resto del espacio se dedicaba al mercado y a la vida política de la urbs, ya que era el lugar donde se celebraban las asambleas ciudadanas.

Cada cosa en su sitio y todo organizado

El resto de la ciudad estaba organizado en manzanas de casas. Todas ellas tenían una base de 70 metros y no podían superar en altura, el doble de la anchura de la calle. Los propietarios estaban obligados a hacer un voladizo para proteger a los peatones de la lluvia. La orientación de las calles había ser la adecuada al viento de la zona para que quedase debilitado. Esta disposición de las calles fue la misma que siglos después seguiría Ildefonso Cerdà, cuando diseñó el Ensanche del s. XIX.

La ciudad antigua sirvió pues de ejemplo para la ciudad moderna.

Puedes descubrir los restos de Barcino y su trazado urbano siguiendo nuestro recorrido medieval por el Barrio Gótico

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