Descanso en Pamplona

Cuando decidimos hacer el Camino con los niños pensamos que al llegar a las ciudades más importantes nos quedaríamos toda una tarde o incluso un poco más para hacer «el turista» y no solo el peregrino. Pero la llegada a Pamplona nos hizo pensar que, al menos al principio, nos lo teníamos que tomar con calma. Y fue un acierto. Para los niños, y también para nosotros, que estabamos incluso más agotados que ellos.

El esfuerzo de los dos primeros días merecía algo más que un simple helado. Nos habíamos ganado unas buenas tapas, un baño en la piscina e incluso una peli en el cine, palomitas incluidas. Vamos, lo que se dice una día de fiesta.

Decidimos quedarnos dos noches en el albergue de Pamplona. Y así fue como empezamos con un nuevo ritual que seguimos hasta el final: decidir qué haríamos al día siguiente al llegar cada tarde al albergue. O sea, improvisar un poco.

Anulamos la reserva que teníamos en el albergue de Puente la Reina, que de hecho era la última que habíamos hecho antes de salir de casa, y venga… Ultreia!!

El albergue donde estuvimos en Pamplona está superbien situado. Se llama Plaza Catedral y lógicamente está justo delante de la Catedral de Pamplona, y a 2 minutos de la famosa calle Estafeta, la de los encierros. Como el albergue no estaba lleno nos asignaron una habitación para los 4. En  muchos de los albergues fue así. Además, aquí en Pamplona,  aunque teníamos que atravesar otra habitación más grande para ir a la ducha, al no haber nadie más, era como si tuviésemos un baño privado.

Pamplona, calle EstafetaDe turismo por Iruña

Después de descansar un poco y ducharnos salimos a dar un paseo y a cenar unas tapas. Pamplona, o Iruña como se la llama en euskera, esta a tope a una semana vista de Sanfermines. Los del 2016, desgraciadamente serán recordados por ser los de la agresión de los salvajes de la manada.

El paseo fue corto, pero como en la Parte Vieja de Pamplona toda está cerca vimos muchas cosas: la Plaza del Castillo, donde encontramos gente bailando aurresku; el monumento a los encierros, la Plaza de Toros, el Paseo de Sarasate, la Plaza del Ayuntamiento y así en poco más de media hora llegamos de nuevo a la Calle Estafeta para comer unas tapitas.

De tapeo por Pamplona

Tapitas es un decir, porque eso de los diminutivos por el Norte es muy relativo. Con 2 bebidas por persona y los acompañamientos, cenamos los 4 y encima por poco dinero. Regresamos rápido al albergue porque estábamos muertos, y aunque era aún de día lo que el cuerpo nos pedía era descansar. Al día siguiente haríamos tooooodo lo que nos apeteciera, pero en aquel momento, lo prioritario era dormir.

Al día siguiente, la primera etapa era innegociable. Piscina, relax y cine. A unos 10 minutos caminando desde el albergue encontramos una piscina municipal perfecta, las Piscinas Aranzadi, donde pagando la entrada del día estuvimos toda la mañana tumbados al sol y con los pies en remojo (porque a pesar del calor, el agua estaba congelada, al menos para mi). Luego volvimos al albergue para lavar la ropa, nuestra primera colada, y para empaquetar unas cuantas cosas que ya habíamos decidido que no necesitábamos. En un momento reunimos 5 kilos de cosas que enviamos por correo a casa. La idea se nos ocurrió sin tener ni idea de que no habíamos sido los primeros en pensarlo.

Paquete de correos

Todas las oficinas de Correos de los pueblos y ciudades por las que discurre el Camino disponen de un servicio pensado para transportar las mochilas de los peregrinos. Además,  hay otras pequeñas empresas que también transportan las mochilas de etapa en etapa (como ya os iremos contando), pero en nuestro caso lo que hicimos fue mandar el paquete a casa. Así que empaquetamos ropa de paseo, polares (llegados a Pamplona habíamos dejado atrás los Pirineos y las probabilidades, más aún en julio, de necesitarlos), pijamas (dormir con la camiseta con la que teníamos que andar al día siguiente fue una solución perfecta para deshacernos de los pijamas, y si hacía frío, las piernas dentro del saco ya quedaban bastante calentitas), bambas… Bueno, un buen surtido de cosas, y eso solo fue el primer envío. Unos cuantos días después aun prescindimos de más cosas.

Después de comer algo y pasar por Correos, tomamos un taxi y nos fuimos al cine. En Pamplona, como en casi todas partes, cada vez hay menos cines en la ciudad, pero no teníamos ganas de ir a un centro comercial, así que nos buscamos un cine en el centro, y nos fuimos al Barrio de San Juan, a los cines Golem Baiona donde tuvimos una sala casi para nosotros solos y a un precio que ya nos gustaría tener en Barcelona el día del espectador. Una película de risa nos fue perfecta para liberar un poco más de tensión y cansancio, y salir algo más relajados.

Volvimos a la Parte Vieja caminando para no perder demasiado el ritmo y lo hicimos atravesando los jardines de la Tajonera y  el parque que ocupa el espacio de la antigua Ciudadela. Llegamos después a la calle de los Francos donde está la iglesia de San Sernin, construida por los peregrinos franceses que ya de vuelta de Santiago  (o quizás incluso a la ida) decidían establecerse en Pamplona. Y también echamos un vistazo rápido a la iglesia de San Fermín para saludar al santo, en unos días en que ya por todas partes olía a fiesta. Nosotros habíamos estado muchas veces en Pamplona y solo queríamos dar un paseo para enseñarles cuatro cosillas a los críos, pero os dejamos aqui el link de Turismo de Navarra para que veáis que Pamplona tiene muchas cosas y muy interesantes para ver y conocer.

Cenamos de nuevo unas tapas en la Plaza del Castillo para despedirnos de Pamplona y de camino al albergue, parada en el supermercado, para empezar una nueva rutina. Empezamos a comprar por la tarde el desayuno del día siguiente.

Atardecer en Pamplona
Fotografía cedidas por el Archivo de Turismo «Reyno de Navarra»

En el albergue de Pamplona no había servicio de desayuno pero es que ya intuíamos que lo más práctico sería salir por la mañana sin entretenernos demasiado, caminar con el fresco de la mañana y con las piernas descansadas, abrir un poco el apetito y unos 5 kms después de haber salido, o sea una hora después, pararnos a tomar un desayuno contundente.

Con estos planes previstos, nos fuimos a dormir. Porque después de un día de descanso, el Camino nos esperaba.

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