El arco de triunfo de Barcelona

Muchas ciudades presumen de tener un arco de triunfo. Entre los más famosos podemos recordar los de la antigua Roma dedicados a los emperadores Constantino y Tito; el de Orange dedicado a los legionarios que conquistaron la Galia; el de Palmira dedicado al emperador Séptimo Severo y que fue destruido en 2015 por los bombardeos de Daesh, o sin duda, el primero que nos viene a la cabeza, el de Paris, dedicado a las victorias de Napoleón. Pero en Barcelona tenemos también un arco de triunfo.

Conmemorando una victoria no militar.

El arco de triunfo de Barcelona, a diferencia del resto, no se hizo para conmemorar ninguna victoria militar. Fue construido para ser la puerta de entrada al recinto de la Exposición Universal de 1888, situado en el espacio anteriormente ocupado por la Ciudadela que en 1714 había hecho construir Felipe V, tras la guerra de Sucesión.

Con esta exposición, Barcelona se quería dar a conocer al resto del mundo, recuperar su antigua importancia económica y comercial y volver a ser una de las grandes ciudades del Mediterráneo. La construcción de un arco de triunfo se convertía en el símbolo de la superación de los siglos de decadencia precedentes.

El arquitecto encargado de construirlo fue Josep Vilaseca i Casanovas, un colaborador habitual de Lluís Domènec i Muntaner, que fue el gran arquitecto del proyecto de la Exposición. Al igual que Domènec, Josep Vilaseca utilizó el ladrillo para construirlo. Un material no tan noble como la piedra, pero que ayudaba a simbolizar que buena parte de aquel triunfo, de aquella victoria, había sido consecuencia de la revolución industrial y de las fábricas textiles existentes en la ciudad. Y esas fábricas, todas, estaban construidas con ladrillo.

Neo-mudéjar en Barcelona

En la Europa de finales del XIX, y antes de la llegada del modernismo, se empezaron a desarrollar movimientos eclecticistas que recordaban los momentos históricos de cada país.

En este contexto, algunos especialistas clasifican al arco de triunfo de Barcelona como de estilo neo-mudéjar. Y aunque es cierto que el mudéjar no fue un estilo especialmente relevante en la Cataluña medieval, si lo fue en la Corona de Aragón, y mucho. De hecho, en las impostas del arco, se pueden ver relieves que representan al murciélago, que era el emblema del rey Jaime I, y a la conquista del reino de Valencia.

Escaparate nacional

Las exposiciones universales eran a finales del siglo XIX una magnífica oportunidad para las ciudades que las organizaban de presentarse al mundo. Habitualmente se celebraban en Paris y en Londres, pero aquellas otras ciudades que conseguían ocasionalmente celebrarlas, aprovechaban el esfuerzo para hacer una gran inversión en lo que hoy llamaríamos promoción turística.

Así, el arco de triunfo era también una referencia al resto del pais. El escudo de Barcelona, aun siendo el mayor de todos, está acompañado del de todas las provincias españolas. En la parte superior de cada una de las fachadas, unos frisos hechos con cemento portland (material ultra moderno en aquel momento) representan una alegoría de la propia exposición. En ellos se representan personajes mitológicos que podrían identificarse con algunas de las naciones participantes. Y coronándolo todo, el escudo de la monarquía española, flanqueado por dos leones.

La Exposición Universal de 1888 marca un antes y un después en la historia de Barcelona. En La ciudad de los prodigios, Eduardo Mendoza plasmó de una forma muy amena la gran transformación que suposo para la ciudad. Y también para la gente que vivía en ella en aquel momento.

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