La expulsión de los judíos

El 31 de marzo de 1492 se firmó en Granada el Decreto de la Alhambra. En él se establecía la expulsión de los judíos de los reinos hispánicos. El edicto de expulsión de los judíos de la Corona de Castilla fue firmado por la reina Isabel, mientras que el rey Fernando II de Aragón firmó el de la Corona Aragonesa.

Esta cédula real, datada en Granada, fue entregada los rectores de la Aljama de Girona el día 30 de abril de 1492. En ella, se marcaba el plazo de tres meses para abandonar el reino, es decir, como máximo el 31 de julio. Finalmente, la fecha máxima de salida se prolongó hasta el 2 de agosto, que es justo el día en que partieron las naves de Cristóbal Colon del puerto de Palos, camino a las Indias.

En aquel momento, la comunidad judía en Cataluña se había reducido considerablemente. De hecho, desde el Pogrom de 1391 en que la comunidad de Barcelona desapareció, las presiones contra los judíos se habían ido incrementando, hasta el punto que en algunos lugares se les había obligado a convertirse.

Como ejemplo podríamos decir que la comunidad judía de Girona, la más numerosa en aquel momento, estaba formada en abril de 1492 por unas 200 familias, y cuando finalizó el plazo para marcharse, tan solo lo hicieron unas 10 familas.

Marcharse con lo puesto

El decreto de expulsión prohibía a los judíos sacar del pais oro, plata, monedas y caballos.

Puesto que no podían llevarse sus pertenencias, la Corona les ofreció la posibilidad de cambiar su valor por letras de cambio. A pesar de eso, la urgencia de la partida y la gran cantidad de bienes muebles e inmuebles que se pusieron a la venta, provocó que los precios fuesen muy bajos.

Algunos de los judíos catalanes que se marcharon lo hicieron a Navarra, desde donde después se desplazaron al norte de África, a Nápoles, Venecia, Grecia o Rumanía. Otros se dirigieron al Rosellón y se instalaron en Perpiñan, pero en 1493 el rey de Francia les prohibió quedarse allí. Esto les hizo embarcarse hacia Oriente y muchos acabaron estableciéndose en Salónica.

O quedarse y convertirse

Evidentemente, muchos de los judíos que vivían en los reinos hispánicos en aquel momento decidieron convertirse, que era la otra opción que les permitía el decreto.

En realidad, muchos ya lo habían ido haciendo desde finales del siglo XIV. A partir de la conversión, y en tanto que cristianos nuevos, quedaban bajo la jurisdicción de la Santa Inquisición, establecida en Cataluña desde 1487 y encargada de comprobar que las conversiones eran auténticas.

A pesar de su condición de cristianos, los conversos sufrieron una gran discriminación. En el siglo XVII todavía se pedía ser cristiano de 5ª generación para poder ejercer un cargo público.

Si quiere saber más de la huella de los judíos en Barcelona, venga a pasear con nosotros por el Barrio Gótico. Y si quiere profundizar aún más, le acompañamos a Girona se conserva el interesantísimo Call, el antiguo barrio judío de la ciudad o a Besalú, una encantadora población medieval donde se conserva una micvé construida en el s. XII.

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