La huella de Napoleón en Barcelona

Hoy es 2 de mayo. Un día que representa la lucha de pueblo por mantener la libertad. El alzamiento en Madrid del 2 de mayo de 1808 es uno de los más famosos que tuvieron lugar durante la Guerra de la Independencia. Pero el paso de Napoleón por Barcelona, también dejó huella.

El 13 de febrero de 1808, las tropas francesas de mariscal Duhesme llegaron a Barcelona. Se trataba de un contingente de unos 5.000 hombres y unos 1.800 caballos del Cuerpo de Observación de los Pirineos Orientales, formado esencialmente por regimientos napolitanos.

La ocupación de Barcelona

Tras cruzar el Pirineo y pasar primero por Figueres, dejaron de lado Girona al considerar que no era una plaza fuerte. Grave error como comprobaron años más tarde. El destino para las tropas de Napoleón era Barcelona. Al llegar a la ciudad cogieron desprevenidos a los dirigentes militares que seguían las órdenes dadas por el rey. Había que acoger a las tropas francesas que iban camino de Portugal. Eso les permitió ocupar, rápidamente, todas las casernas de la ciudad excepto la Ciudadela y el castillo de Montjuic.

Pocos días después, el 29 de febrero, el general Duhesme ocupaba también la Ciudadela. La multitud, indignada, salió a la calle al ver las tropas francesas dirigirse hacia Montjuic. Pero el gobernador interino, Álvarez de Castro, cerró las puertas a los soldados, impidiendo su entrada.

Viendo que Duhesme estaba dispuesto a entrar a cualquier precio, el capitán general de Cataluña en aquel momento, José Ezpeleta y Galdeano ordenó la evacuación del castillo. Inmediatamente después fue ocupado por los franceses.

A partir de ese momento, el tráfico mercantil cesó, el puerto quedó desierto y las fábricas cerraron. El ambiente era muy tenso en Barcelona y Duhesme nombró jefe de la policía al general Giuseppe Lechi, encargándole reprimir a la población. Su domicilio en la calle Ample, el Palacio Larrard, se convirtió en el centro de la represión napoleónica.

La represión en el día a día

Los hombres de Lechi se dedicaban a asaltar los alrededores de Barcelona. Saqueaban, robaban, violaban, asesinaban y secuestraban. Después vendían los productos robados en Barcelona, extorsionaban y pedían rescates. La red de espionaje y de delatores de la policía detenía y encarcelaba a cientos de personas que eran torturadas sistemáticamente.

El 11 de mayo de 1809, después de al menos dos alzamientos en armas de los barceloneses, se produjo una tercera rebelión. Pero esta tampoco salió bien. A pesar de ello, la revuelta sacó a la luz graves denuncias contra su administración y Duhesme y Lechi fueron destituidos.

Tras algunos breves gobiernos, el siguiente gobernador de la ciudad fue Maurice Mathieu, conocido por haber hecho volar con pólvora el monasterio de Montserrat.

Se decía que cuando a Mathieu le gustaba una mujer hacía detener a su marido. Así, cuando la mujer iba a pedir clemencia, el conseguía fácilmente sus favores.

Su gobierno fue también muy cruel y corrupto. Hubo que esperar hasta 1812 para que las tropas inglesas dirigidas por el general Sarsfield liberaran a Barcelona de esa tiranía.

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