Preparando la mochila

Uno de los consejos más habituales para quien se prepara para hacer el Camino hace referencia al peso de la mochila. La teoría es que no debería superar el 10% del peso de la persona va a llevarla.  Si quien debe hacerlo es un niño, el peso se reduce a 3 o 4 kilos más o menos (aunque es curioso que a veces la mochila del cole pese mucho más que eso y nadie preste atención a ello).

La solución, caminando en familia, pasa por distribuir aquello «imprescindible» entre las 4 mochilas y que los peques lleven lo que pesando menos abulta más, aunque a la vez es interesante que cada cual tenga lo suyo para que abrir y cerrar mochilas no sea cada vez un suplicio.

La lista de cosas a poner se reduce considerablemente. Aquí, el «por si acaso» se convierte en gramos que cargar, así que aunque suene a muy materialista, al preparar un viaje así, el «por si acaso» se soluciona con una VISA que permita comprar lo que sea necesario, cuando sea absolutamente imprescindible (¡porque tiendas no faltan!).

Prácticamente todos los albergues ofrecen servicio de lavadora por entre 2 y 4€ así que, con intención de ir lavando, nos vamos de vacaciones. El viento de la Meseta seca en nada la ropa y sino, la mochila a la espalda es también un buen tendedero mientras se va caminando. Además, en muchos albergues también hay secadora… Si «Calixto» lo hubiera visto, seguro que esa información la habría detallado en su Códice del siglo XII.

¿Qué poner en la mochila?

Con esta idea empezamos a reducir ropa aunque, claro, 800 kms son muchos y las zonas climáticas que teníamos que atravesar varían mucho entre sí. Las aplicaciones del móvil ayudan, algo; pero a veces hay que pensar que no hace tanto tiempo que existen y en cambio hace muchos años que la gente va caminando a Santiago.

Aunque el calor apriete, andar bajo el sol nos obliga a protegernos, así que de los tirantes nos olvidamos. Nos centramos en manga corta (porque nos vamos en julio y hay que ser optimista: no nos irá a hacer frío, ¿no?) y nos llevamos «por si acaso» (¡cuesta tanto desprenderse de esa frase!) una sudadera de chandal ni muy fina ni muy gruesa. El canguro impermeable ya nos tapará algo más si hace falta.

En total, 5 camisetas (calculando lavar cada 4 días), 2 pantalones con cremallera para hacerlos largos o cortos según convenga, 2 bermudas deportivas y unos vaqueros para «los paseitos de las tardes». El neceser, el botiquín, ropa interior y calcetines, muchos calcetines, para ir cambiándolos siempre que sea necesario. Ah!! Y las chanclas, que sirven para todo: para que descansen los pies, para ir a la ducha o para pasear por la ciudad.

Es curioso como el concepto de «imprescindible» varía cuando hay que cargar el peso a la espalda.

Después de un gran trabajo de reducción a lo imprescindible, todo eso multiplicado por 4… y tras caminar 2 días, ya en Pamplona enviamos a casa 5 kilos de ropa de entre todas la mochilas. Desde Logroño, 5 días después, casi 3 kilos más…

Aquí te dejamos el enlace de Correos con información sobre cómo puedes enviar paquetes antes de empezar el Camino, al final, o como nosotros hicimos, durante el Camino. En este caso, lo que hicimos fue enviar la ropa sobrante a casa de un familiar que fue a recogerla a la oficina de Correos de nuestra localidad.

Más adelante te contaremos como funciona el tema del envío de mochilas de etapa en etapa.

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