El trascoro de la catedral de Barcelona

El trascoro de la catedral de Barcelona es una de las maravillas artísticas que se conservan en el interior. Se encuentra justo delante de la entrada principal y está decorado con los martirios que sufrió la santa patrona de la catedral, Santa Eulalia.

Eulalia era una muchacha cristiana de trece años que vivía en Barcelona a principios del siglo IV dC. En el año 303, el emperador Diocleciano declaró una persecución contra los cristianos, que sería la última, y Eulalia se convirtió en objeto de esta persecución. Puesto que la familia de Eulalia era adinerada, Daciano, el gobernador de Barcino la quiso casar con su hijo. Pero ella se negó. Para hacerla cambiar de opinión, la arrestaron y la torturaron trece veces. Una por cada uno de los años de edad que tenía. Pero Eulalia se salvó milagrosamente de todos ellos, hasta morir finalmente crucificada.

Los cuatro plafones escultóricos que decoran el muro del trascoro de la catedral de Barcelona nos explican algunos de los martirios que Eulalia sufrió. El primero de los plafones, a la izquierda, representa a Eulalia frente al tribunal que la juzgó. Los tres siguientes muestran algunos de los martirios sufridos: la flagelación en el segundo, como la colocaron sobre brasas ardientes en el tercero, y como fue crucificada sobre una cruz en forma de aspa, en el último.

En 1517 el Capítulo de la Catedral de Barcelona aprobó la contratación de Bartolomé Ordoñez, uno de los mejores escultores hispánicos del momento. Le encargaron realizar el trascoro. Ordoñez proyectó la construcción de una gran obra escultórica hecha en mármol de Carrara y que tenía que quedar terminada en ocho años.

Pero en 1520 la esposa de Ordoñez, Catalina, falleció y esto provocó una enorme depresión en el escultor. Fue entonces cuando decidió trasladarse a Carrara y fundar allí un taller. En él trabajó obsesivamente durante algunos meses, pero en diciembre de ese mismo año, también Ordoñez murió, al pie mismo de las canteras.

Sólo había podido completar 2 de los 4 plafones. Así que la obra del trascoro quedó inacabada. No fue hasta 1562 que el capítulo catedralicio decidió contratar a un nuevo escultor, Pere Villar, para terminar el proyecto. Él fue el encargado de completar los dos plafones que faltaban. De hecho, si observamos el trabajo escultórico de cada uno de ellos, resulta muy fácil identificar la mano de diferentes artistas.

Cuando podamos volver a salir te proponemos una visita al Barrio Gótico incluyendo el interior de la Catedral para ver éstas y otras obras artísticas conservadas en su interior.

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